Preservar
la variabilidad vegetal y animal de las razas autóctonas
supone una garantía para la supervivencia de una agricultura y
ganadería
sostenibles y adaptadas al entorno que las envuelve. La alternativa al
predominante modelo agroganadero intensivo que está erosionando
de manera alarmante el patrimonio genético ancestral al promocionar
exclusivamente unas pocas especies y variedades. Ampliar el abanico de
especies y variedades
(preservar la biodiversidad agroganadera) y extensificar su sistema de
cultivo y crianza nos garantizan una verdadera seguridad y soberanía
alimentaria.
Las
variedades tradicionales y razas autóctonas están más
adaptadas a las condiciones particulares de nuestra comarca, lo que las
hace más resistentes a las plagas y enfermedades y menos exigentes
en cuanto a cuidados.
Estas
variedades personalizan y diferencian los sabores de nuestra cocina y los
hacen más atractivos y suculentos. De hecho cada vez hay más
cocineros de prestigio que promueven el valor de las variedades locales
como punto de partida para recuperar una gastronomía de calidad.
Las
razas y variedades autóctonas son un patrimonio biológico
y etnológico que se han modelado y transmitido de generación
en generación hasta nuestros días. Este esfuerzo milenario
de selección bien se merece el respeto que se le confiere
a una obra de arte. Se trata por tanto no sólo de preservar
un genotipo adaptado sino de conservar parte de la cultura y tradición
agrarias de nuestras tierras.
Mantiene
la diversidad en las manos de los agricultores y ganaderos evitando la
especulación
genética
de las grandes multinacionales agroalimentarias.
